Una intensa movilización de los cuerpos de seguridad se registró la tarde de este miércoles 4 de marzo, tras reportarse un robo con violencia en una estación de servicio ubicada sobre la avenida Francisco Medina Ascencio, en las inmediaciones de Puerto Mágico. De acuerdo con los primeros reportes de la Comisaría de Seguridad Ciudadana, las víctimas habrían sido objeto de un seguimiento previo o «marcaje» tras abandonar la sucursal de Banregio en Plaza Marina, donde realizaron el cobro de diversos cheques por una suma total de 315 mil pesos en efectivo.
Tras salir de la institución financiera a bordo de un vehículo sedán color gris, los afectados se detuvieron en la gasolinera situada frente al Hospital Joya para abastecer combustible. Fue en ese punto estratégico donde fueron interceptados por dos sujetos armados que viajaban en una motocicleta tipo Pulsar en color negro.
Los delincuentes arribaron de manera directa a la unidad, encañonaron a los ocupantes y les exigieron específicamente el maletín que contenía el dinero, lo que refuerza la hipótesis de que los agresores contaban con información privilegiada sobre el movimiento bancario.
Una vez obtenido el botín, los delincuentes emprendieron la huida a alta velocidad con rumbo hacia la delegación de El Pitillal.
Tras el reporte a la línea de emergencia, elementos de la Policía Municipal y la Guardia Nacional implementaron un operativo de cerrojo en las colonias colindantes y rutas de escape probables; sin embargo, pese al despliegue de patrullas y la revisión de cámaras de vigilancia, no se logró la captura de los responsables. La Fiscalía del Estado ya ha tomado conocimiento del caso, abriendo la carpeta de investigación correspondiente para analizar las grabaciones de seguridad y dar con el paradero de los asaltantes.
Este violento episodio pone de manifiesto una crítica deficiencia en el patrullaje preventivo sobre la principal arteria de la ciudad, donde la ausencia de vigilancia estática o recorridos frecuentes en zonas bancarias permitió que los delincuentes operaran con total impunidad en pleno corazón de la zona turística.
Estos hechos contrastan severamente con el discurso oficial del Ayuntamiento, que insiste en proyectar una imagen de Puerto Vallarta como un destino blindado y seguro, una narrativa que se desmorona frente a la realidad de una vigilancia que, en la práctica, no logra inhibir el crimen organizado ni proteger el patrimonio de los ciudadanos en los puntos de mayor afluencia.
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