Puerto Vallarta volvió a teñirse de morado este 8 de marzo, pero esta vez la escena fue distinta a otros años. La movilización por el Día Internacional de la Mujer creció, se expandió y mostró una fuerza que difícilmente puede ignorarse: más de 2,500 mujeres —y para algunas estimaciones incluso cerca de tres mil— caminaron juntas por la ciudad para exigir algo tan básico como urgente: vivir sin violencia
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La marcha inició en el Parque de las Mujeres, en el cruce del boulevard Francisco Medina Ascencio y el libramiento Luis Donaldo Colosio, desde donde el contingente avanzó por distintas vialidades rumbo al centro de la ciudad. A lo largo del trayecto se fueron sumando más participantes: jóvenes, madres con sus hijas, colectivas feministas, mujeres víctimas de violencia, buscadoras y también algunos hombres que acudieron en respaldo.
El recorrido terminó en uno de los puntos más simbólicos de Vallarta: Los Arcos del Malecón, donde se realizó un mitin en el que diversas participantes tomaron el micrófono para compartir testimonios, denunciar injusticias y recordar a mujeres víctimas de feminicidio y desaparición.
A diferencia de las caricaturas que a veces se intentan construir alrededor del movimiento, la marcha fue pacífica. Hubo consignas, pancartas y mensajes contundentes, pero predominó un ambiente de organización y respeto entre los distintos contingentes que participaron.
Sin embargo, la magnitud de la movilización no surge de la nada.
En los últimos años, la violencia contra las mujeres en la región ha sido una preocupación constante. De acuerdo con datos oficiales y registros de organizaciones civiles, Jalisco se mantiene entre los estados con mayor número de feminicidios en el país, y municipios turísticos como Puerto Vallarta y su zona metropolitana no están exentos de esa realidad.
Tan solo en los últimos años se han registrado diversos casos de feminicidio y muertes violentas de mujeres en Puerto Vallarta y en el vecino municipio de Bahía de Banderas, en Nayarit. Las cifras oficiales suelen variar según la clasificación de los casos, pero los registros periodísticos y de colectivos coinciden en algo: la violencia contra las mujeres sigue siendo una problemática grave en la región.
Bahía de Banderas, por ejemplo, ha acumulado varios casos de feminicidio en los últimos años, mientras que en Puerto Vallarta también se han documentado asesinatos de mujeres bajo circunstancias que organizaciones feministas consideran parte de un patrón de violencia de género.
A ello se suman denuncias constantes de violencia doméstica, desapariciones y agresiones sexuales, delitos que muchas veces permanecen subreportados.
En ese contexto, la marcha de este 8 de marzo también se convirtió en un espacio para señalar lo que muchas participantes consideran indiferencia institucional frente a la violencia contra las mujeres.
Las críticas no se limitaron a las cifras. También apuntaron al poder político local.En Puerto Vallarta gobierna actualmente el alcalde Luis Ernesto Munguía, cuya administración ha sido señalada por colectivos y activistas por la poca presencia de mujeres en puestos clave dentro del gabinete municipal. En un gobierno donde la mayoría de las posiciones estratégicas están ocupadas por hombres, varias participantes cuestionaron si realmente existe una agenda seria para atender la violencia de género.
Además, en el debate público local han aparecido señalamientos sobre antecedentes y comportamientos que activistas consideran parte de una cultura política que minimiza la violencia contra las mujeres. Aunque estas acusaciones forman parte de la discusión política y social en la ciudad, lo cierto es que la percepción de muchas manifestantes es clara: el gobierno municipal no ha colocado la agenda de las mujeres como una prioridad real.
La marcha del domingo reflejó justamente esa inconformidad.
Entre pancartas y consignas se leyeron frases que resumen el sentimiento de muchas vallartenses: “Nos queremos vivas”, “Ni una más”, “La violencia no es normal”. En varias de ellas también aparecieron fotografías de mujeres víctimas de violencia o desaparición.
La movilización dejó una imagen poderosa: miles de mujeres ocupando el espacio público en una ciudad turística que muchas veces proyecta al exterior una imagen de tranquilidad que no siempre coincide con la experiencia cotidiana de sus habitantes.
Pero más allá de las consignas, el mensaje fue claro.
La marcha no fue únicamente una protesta; fue también una declaración colectiva de que cada vez más mujeres en Puerto Vallarta están dispuestas a alzar la voz, a organizarse y a exigir cambios estructurales.
Porque cuando miles de mujeres llenan el Malecón para exigir justicia, lo que están diciendo no es radical ni exagerado.
Están diciendo algo mucho más simple.
Que quieren vivir sin miedo.
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