Ha surgido la propuesta de poner en marcha un ruta marítima nacional de cruceros turísticos, que permita a los turistas embarcar y desembarcar de su viaje en territorio nacional. La iniciativa es impulsada por el Gobierno de Sinaloa.
El proyecto se encasilla a partir de convertir a Mazatlán en el primer “home port” de cruceros en México, aunque con un carácter experimental que genera escepticismo en otros puertos del Pacífico, como Puerto Vallarta. A diferencia de un puerto de escala, conocido como “port of call”, donde los buques solo hacen una parada temporal, un «home port» es el punto de inicio y finalización de una ruta, lo que maximiza la derrama económica local al incentivar la pernocta de los pasajeros y el consumo de servicios antes y después del viaje.
El plan, que ha sido registrado ante el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), contempla una inversión de entre 400 y 450 millones de pesos. Se han propuesto dos rutas principales para itinerarios de siete días. La primera, la «ruta del Golfo de California», incluiría a La Paz, Topolobampo, Loreto, San Carlos, San Felipe y Puerto Peñasco. La segunda opción, la «ruta del Pacífico mexicano», es la que involucraría a Puerto Vallarta, junto a Manzanillo, Acapulco y Bahías de Huatulco.
Sin embargo, en Puerto Vallarta y otros destinos, el proyecto se recibe con cautela. Argumentos históricos y de viabilidad sugieren que ejercicios temporales similares en el pasado han demostrado resultados poco óptimos, con un impacto económico de escaso alcance.
La principal crítica se centra en que, mientras Mazatlán se convertiría en un «home port», Puerto Vallarta mantendría su rol de simple puerto de escala, como siempre lo ha hecho, por lo que no representa un diferencial grande respecto a las rutas que ya zarpan desde California en Estados Unidos. Los detractores señalan que el modelo no resuelve la reciente baja en el arribo de cruceros que ha enfrentado el puerto, ya que su inclusión en la ruta no garantiza un flujo significativo ni sostenido de ingresos.
La viabilidad del proyecto depende de factores inciertos, como la disposición de una naviera para operar la nueva ruta y la confirmación de la inversión, además de mucha, pero mucha publicidad. La naturaleza conceptual del plan, sumada a la falta de detalles sobre la operación y la logística, mantiene la incertidumbre. Esto lleva a muchos a considerar que, en el mejor de los casos, la iniciativa servirá para mejorar la infraestructura de Mazatlán, más que como un verdadero detonante para la economía de toda la región.
