La Razón Vallarta

SOLO CON GOLPETEO Y DENUNCIAS PÚBLICAS HICIERON CASO

Más de mes y medio después de que hechos delictivos dejaran fuera de servicio los semáforos del Libramiento, el Gobierno Municipal finalmente intervino, pero no por una reacción oportuna ni por iniciativa propia, sino solamente cuando la presión pública ya era inocultable. Durante semanas, las denuncias ciudadanas se multiplicaron en medios de comunicación y redes sociales, mientras voces de funcionarios y actores políticos ajenos al Ayuntamiento exhibían el riesgo y la tardanza oficial ante un problema que afectaba la movilidad y la seguridad vial.

El patrón no resulta nuevo. En el caso de los semáforos de la zona de CUCosta, la respuesta también llegó tarde y solo después de exhortos, reclamos públicos y repetidas advertencias sobre el peligro que enfrentaban estudiantes y peatones al cruzar por un punto altamente transitado. Ahí, la intervención correspondió al Gobierno de Jalisco, luego de que el cruce inseguro se convirtiera en tema constante de denuncia.

Pero el Ayuntamiento se quiso poner la estrellita a sí mismo y saludó con sombrero ajeno, cuando en esta intervención no tuvo absolutamente ninguna acción.

En ambos casos desde el ámbito municipal se intentó proyectar la idea de gestión propia, como si la solución hubiera surgido desde el Ayuntamiento y no como consecuencia de la presión externa o de acciones emprendidas por otras instancias. Esa intención de colgarse medallas ajenas volvió a dejar un mal sabor de boca, sobre todo porque la ciudadanía ya había identificado con claridad quién denunció, quién empujó y quién terminó resolviendo.

Lo que dejan estos episodios es una imagen cada vez más repetida de la administración municipal: una que no actúa por prevención, planeación o sentido de responsabilidad, sino cuando el golpeteo público ya le resulta insostenible. En vez de anticiparse a los problemas, parece esperar a que la inconformidad escale, a que los medios exhiban la omisión y a que otros actores políticos tomen la bandera del reclamo.

Esa falta de proactividad termina costando tiempo, seguridad y credibilidad. Porque cuando una autoridad solo se mueve bajo presión, no gobierna con iniciativa: reacciona tarde. Y en asuntos tan delicados como semáforos fuera de servicio en cruces y vialidades de alto riesgo, llegar tarde no es solo un problema de imagen, sino una muestra seria de negligencia política y administrativa.

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