La Razón Vallarta

SE ENCAMINA A SER MUJER LA CANDIDATA DE MORENA

El movimiento interno de Morena rumbo a la elección municipal comienza a perfilar con mayor claridad el tamaño de la disputa que viene en Puerto Vallarta. Con el registro de aspirantes para coordinar los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación en los municipios previsto para el 21 de septiembre, figura que en los hechos antecede a quienes buscan colocarse en la ruta de una eventual precandidatura a la alcaldía, en este destino ya se asoma un escenario cargado de nombres, cálculos, acomodos y presiones internas.

En Puerto Vallarta no faltan aspirantes. Al contrario, sobran manos levantadas, sobre todo del lado masculino, donde varios actores se mueven desde hace tiempo en las opiniones y los hilos con la intención de posicionarse como cartas viables para encabezar el proyecto morenista. Sin embargo, en las últimas semanas ha comenzado a tomar fuerza una versión política que no debe ser minimizada: que Morena podría inclinarse por postular a una mujer en este municipio, en concordancia con sus criterios de competitividad, equilibrio de género y estrategia territorial, ya que deberá dar prioridad a la Zona Metropolitana de Guadalajara y otros municipios donde, en la práctica, el partido posee más fuerza, unidad, y además, fuertes aspirantes hombres que difícilmente caderán ante la «carta rosa» para que Vallarta tenga «candidato».

Si esa lectura termina confirmándose, el tablero local cambiaría de manera drástica. No se trataría solamente de ajustar nombres, sino de redefinir el sentido mismo de la candidatura. Morena necesitaría entonces construir en Puerto Vallarta una opción femenina con condiciones reales de triunfo, no una postulación improvisada ni una salida de cuota. La lógica sería empujar a una mujer con presencia pública, conocida en amplios sectores de la sociedad, con trayectoria acreditable, sin escándalos mayores y, sobre todo, con capacidad de presentarse como un perfil renovado frente al desgaste de los mismos grupos de siempre.

Ahí está el verdadero fondo del asunto. Si Morena quiere gobernar Puerto Vallarta, no le alcanzará con repetir fórmulas internas ni con reciclar figuras que ya cargan negativas, confrontaciones o vínculos con bloques demasiado identificados. La candidatura, si efectivamente se define en femenino, tendría que representar una combinación poco común pero indispensable: novedad sin improvisación, arraigo sin faccionalismo, y competitividad sin lastres. En otras palabras, una mujer que no sea solamente la beneficiaria de una decisión de género, sino una candidatura con potencia propia.

Ese escenario obligaría también a una operación política delicada hacia adentro. Los muchos aspirantes hombres que hoy se mueven por la coordinación municipal tendrían que entender que la disciplina partidista no será opcional si la señal nacional o estatal apunta en otro sentido. Más temprano que tarde, varios deberán declinar, replegarse o sumarse al proyecto que encabece la mujer mejor posicionada. Para algunos de los punteros, la salida natural podría ser redirigir sus aspiraciones hacia la diputación federal o local, espacios donde todavía podrían capitalizar estructura, territorio y conocimiento electoral sin fracturar al partido en la pelea principal.

Morena, sin embargo, enfrenta un reto mayor que el simple reparto de posiciones. El partido debe evitar que el proceso derive en simulación, en rupturas soterradas o en apoyos a medias. Puerto Vallarta es una plaza de alta exposición política, social y económica, y cualquier candidatura débil, impuesta o nacida de arreglos cerrados correría el riesgo de quedar atrapada entre la inconformidad interna y la exigencia externa de un electorado cada vez más atento a los perfiles. Por eso, si el género femenino termina siendo la ruta más probable, la decisión no podrá resolverse únicamente en la lógica de grupos; tendrá que pasar por la lógica de la rentabilidad electoral.

En ese contexto, el registro del 21 de septiembre será mucho más que un trámite partidista. Ahí competirán hombres y mujeres pues hasta meses después se dictará el genero. Será el arranque formal de una disputa donde no sólo se medirán lealtades y ambiciones, sino también la capacidad de Morena para leer a tiempo lo que Puerto Vallarta demanda. Y si la definición final termina siendo mujer, el mensaje será claro: los hombres que hoy encabezan las quinielas tendrán que decidir si actúan como factor de madurez política o como semilla de división en un proyecto que, para ser competitivo, necesitará unidad real detrás de una candidatura fuerte.

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