La Razón Vallarta

INAUGURA «TUKIPARQUE» Y LE RECLAMAN FALTA DE AGUA EN LA MISMA COLONIA

En Puerto Vallarta ya ni siquiera hace falta un discurso largo para resumir el estilo de gobierno de Luis Munguía: basta una escena. Durante la entrega del llamado TukiBosque en la colonia San Miguel, mientras se intentaba vender otra postal de cercanía con la gente, vecinos se acercaron al alcalde para reclamarle por la falta de agua que padecen en esa misma zona. La respuesta, según los reclamos ciudadanos difundidos tras el evento, fue una frase breve, cómoda y perfectamente administrable para cualquier funcionario en apuros: “con mucho gusto te ayudo”. Después vino lo demás: la vuelta, la retirada y la espalda. A veces la política ofrece metáforas demasiado exactas.

Porque si algo irrita a los ciudadanos no es solamente la escasez del agua, sino la distancia entre el acto público y la vida diaria. Mientras el gobierno inaugura espacios, presume intervenciones y arma escenografías de bienestar, en colonias como la San Miguel el problema de fondo sigue siendo el de siempre: servicios insuficientes, respuestas ambiguas y soluciones que no llegan con la misma velocidad que las cámaras. El agua, que debería ser prioridad elemental de cualquier administración municipal, termina convertida en asunto secundario frente a la necesidad oficial de producir eventos, cortar listones y fabricar percepción.

Como si eso no bastara, tras la actividad también surgieron quejas de ciudadanos que denunciaron la colocación de calcomanías alusivas a Luis Munguía y a su “informe de gobierno” en vehículos estacionados alrededor, presuntamente sin autorización de sus propietarios. El hecho, además de molesto para quienes lo señalaron, retrata una forma de hacer política que confunde propaganda con simpatía real. El respaldo ciudadano no se pega en un vidrio, no se imprime en vinil y mucho menos se decreta desde el poder. Se gana, y para eso primero hay que resolverle a la gente lo básico.

Lo preocupante para el gobierno municipal es que estos episodios no ocurren en el vacío. Se insertan en un contexto de creciente desgaste, de inconformidad acumulada y de una administración que ha querido sustituir eficacia con narrativa. Hay parques que se entregan, sí; hay actos que se organizan, también; pero eso no significa que sean celebrados como se pretende desde la comunicación oficial. Cuando en una colonia falta agua, el entusiasmo por una obra ornamental se reduce drásticamente. La gente puede asistir al evento, observar, reclamar o aguantar, pero eso no equivale a aplaudir.

Y ese parece ser hoy el verdadero problema político de Munguía: la tentación de simular una simpatía que no termina de aparecer en la calle. Un gobierno impopular puede intentar maquillar el desgaste con propaganda, con brigadas, con calcomanías o con frases amables de ocasión, pero la realidad vuelve siempre por la vía más incómoda. En Vallarta, esa realidad hoy se llama falta de agua, molestia vecinal y hartazgo frente a una administración que, cuando se le exige respuesta concreta, parece optar por el gesto más sincero de todos: dar la espalda.

#LaRazónVallarta NOTICIAS que le duelen al poder.

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