Los números, a diferencia de los discursos políticos, suelen ser menos flexibles. Y en la más reciente medición de alcaldes elaborada por Massive Caller para Jalisco, las cifras parecen haber decidido colocar al presidente municipal de Puerto Vallarta, Luis Ernesto Munguía González, en un sitio poco envidiable: el fondo de la tabla.
El ejercicio demoscópico, realizado el 5 de marzo de 2026, compara la evaluación ciudadana de varios alcaldes del estado en tres indicadores clave: aprobación, confianza e inseguridad. Y si algo queda claro al revisar las gráficas es que el gobierno vallartense aparece sistemáticamente rezagado, como si en esta competencia política alguien hubiera decidido correr una carrera… pero en reversa.
En el ranking de aprobación, Munguía ocupa el último lugar con 33.9%, muy lejos de los niveles que alcanzan otros alcaldes. Por ejemplo, el presidente municipal de Zapopan, Juan José Frangie, lidera la lista con 56.4%, seguido por la alcaldesa de Guadalajara, Verónica Delgadillo García, con 55.6%. Incluso municipios que rara vez aparecen en el radar mediático estatal superan con holgura al puerto turístico, como El Salto con 49.9% o Tlajomulco de Zúñiga con 47.9%.
Pero si la aprobación ya era baja, la percepción de confianza termina por dibujar un panorama todavía más incómodo para la administración vallartense. En ese indicador, el alcalde vuelve a ocupar el último lugar del ranking, con apenas 17.5% de confianza ciudadana. En otras palabras, menos de dos de cada diez personas consultadas consideran confiable su gobierno. Mientras tanto, el primer lugar nuevamente corresponde a Zapopan con 38.9%, más del doble del nivel registrado en Puerto Vallarta.
La tercera medición, relacionada con percepción de inseguridad, tampoco ofrece demasiados motivos para el entusiasmo político. Si bien distintos municipios enfrentan niveles elevados de preocupación ciudadana, el puerto aparece con 20.9%, confirmando que la administración municipal tampoco logra destacar precisamente por generar tranquilidad entre los habitantes.
La constante que se repite en las tres gráficas es difícil de ignorar: Puerto Vallarta aparece sistemáticamente en los lugares más bajos del estudio. No se trata de un indicador aislado ni de una variación estadística menor; es una tendencia que atraviesa aprobación, confianza y percepción pública.
Resulta irónico si se considera que, en el discurso político local, la narrativa oficial suele hablar de proyectos transformadores, anuncios de obras y promesas de desarrollo. Sin embargo, al menos en esta medición, la percepción ciudadana parece contar otra historia: una administración que, lejos de consolidar respaldo, parece navegar con el viento en contra.
Así, mientras otros alcaldes del estado compiten por los primeros lugares del ranking, el gobierno vallartense parece haberse especializado en algo distinto: aparecer al final de la lista. Un logro que difícilmente será motivo de boletín oficial, pero que las cifras, tercas como suelen ser, dejan claramente registrado.
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