El nuevo puente de La Desembocada fue inaugurado oficialmente en Puerto Vallarta por el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus Navarro, acompañado del alcalde Luis Ernesto Munguía González, en una entrega presentada como una obra estratégica para recuperar la conectividad hacia comunidades del norte del municipio y la ruta serrana.
La reconstrucción se realizó luego de que el puente anterior quedara inutilizado tras los hechos violentos registrados el pasado 22 de febrero, cuando la estructura resultó severamente dañada y tuvo que ser demolida. De acuerdo con reportes publicados sobre la entrega, la obra fue ejecutada por el Gobierno de Jalisco, a través de la Secretaría de Infraestructura y Obra Pública, y representó una inversión estatal reportada entre 73.6 millones de pesos, monto menor a los 80 anunciados al principio.
El puente fue concluido en poco más de dos meses y medio, antes del plazo previsto, y se destacó que beneficiará a miles de familias de localidades como La Desembocada, Las Palmas, El Colorado, El Cantón, El Aguacate, Santa Cruz de Quelitán, Tebelchía y otras comunidades que dependen de esta vía para su conexión con Puerto Vallarta y la región serrana. También se informó que la nueva estructura cuenta con banquetas peatonales, luminarias y capacidad reforzada para el tránsito pesado.
Sin embargo, más allá del corte de listón, la inauguración dejó una crítica inevitable: el Gobierno Municipal apareció en la fotografía política de una obra en la que no aportó recursos ni ejecutó los trabajos principales, pero sobre todo, no se molestó ni en meter ‘manita de gato’ al entorno del sitio.
En los hechos, la reconstrucción fue una intervención 100% estatal; por eso, el acompañamiento municipal luce más como un intento de saludar con sombrero ajeno que como el resultado de una gestión propia, aunque sabemos que el gobernador impulsa misteriosamente mucho al alcalde Munguía.
El problema no es que el municipio acudiera al acto. El problema es que se presente como corresponsable de una solución cuando alrededor del puente todavía hay pendientes básicos que sí corresponden al entorno urbano y vial inmediato y que el Ayuntamiento pudo haber arreglado, pero ni un peso le metió.
Al recorrer la escena del puente, fue posible notar la falta de limpieza y ordenamiento, carencia de seguridad peatonal, retiro de escombro y condiciones dignas de acceso. Los vehículos pueden pasar, sí, pero ni la vialidad ni la infraestructura circundante son dignas.
La obra principal fue el puente, pero no una intervención integral del entorno. La carpeta asfáltica de aproximación luce hecha a las carreras, agrietada, con huellas de arrastre de maquinaria, textura rugosa y acabados irregulares. Aunque el puente cuenta con banquetas a sus lados, estas no tienen continuidad apenas acaban los 105 metros de cruce y se convierten en terracería irregular y resbalosa en los acotamientos, por lo que peatones deben cruzar entre el borde del arroyo vehicular y zonas de riesgo, prácticamente sorteando el precipicio y el paso de los vehículos.
Tampoco se aprecia un arreglo completo alrededor. El área quedó con tierra suelta, escombro, residuos de obra y bordes sin rematar, pese a que fue presentada públicamente como una infraestructura ya terminada. Además algunos de los desagües pluviales están obstruidos. El puente, por sí mismo, resuelve el paso vehicular; pero el entorno quedó lejos de una entrega limpia, ordenada y segura para quienes caminan por la zona.
La rapidez en la reconstrucción es relevante y debe reconocerse, sobre todo por la urgencia de restablecer una vía clave para comunidades que quedaron afectadas durante semanas. Pero una inauguración no borra los detalles mal cerrados. Menos aún cuando se trata de una carretera utilizada por automovilistas, motociclistas, transporte pesado y habitantes que también cruzan a pie. Para estos últimos, la obra tiene poco valor.
La entrega del puente de La Desembocada confirma que el Gobierno de Jalisco sí respondió con una obra necesaria y de alto impacto regional, construyó el puente y hasta ahí. Ni un centímetro más. La crítica apunta hacia lo que quedó incompleto: una vialidad que se abrió con ceremonia, pero sin una solución integral para peatones, sin remates adecuados y con un entorno que todavía parece zona de trabajo, algo en lo que el Gobierno Municipal pudo haber mostrado interés, pero no hizo nada y el alcalde acudió a únicamente tomarse la foto.
En Puerto Vallarta, la conectividad fue recuperada; la pregunta es por qué se normaliza inaugurar obras donde el puente está listo, pero todo alrededor queda pendiente.
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