La Razón Vallarta

ENVIÓ EL AYUNTAMIENTO A UN CHARLATÁN A RESOLVER PROTESTA, FRACASARON NEGOCIACIONES

El Gobierno Municipal envió a un cuidador de animales (trabajó recogiendo excremento en el Zoológico) para apaciguar una auténtica protesta social que colapsó una parte de la economía vallartense por más de 6 horas, bloqueando la carretera 200 sur.

Resulta que fue el perfil de Vincent O’Halloran, Gerente de… ¿qué? Está largo el título y no se sabe para que sirve. Pero es uno de los famosos gerentes, digámosle gerente de pechito. Fue enviado a disolver la manifestación que alzaba la voz en contra del cierre de una playa en Mismaloya.

Y su llegada no pudo ser más inoportuna. En cuanto arribó, y se identificó como emisario del Ayuntamiento, la gente empezó a recordarle a su mamá y reclamarle el porqué había tardado tanto.

El Gerente de pechito se puso a dar un monólogo sobre la naturaleza y de que él estaba a favor de conservar Los Arcos, sin ofrecer ningún tipo de propuesta.

Y es que para ser un negociador, hay que llegar a escuchar primero, y después, mostrar interés en las propuestas de la parte afectada. Nada de eso ocurrió. El Gerente de pechito se puso a ofrecer «una mesa de trabajo» en próximos días, de esas mesas que si las contamos cada vez que las proponen para mitigar una crisis, tendríamos suficientes para poner la tukirosca de dos kilómetros encima y hasta sobrarían.

Los manifiestantes, ofendidos, habían decretado el rechazo del diálogo y mandado derechito por dónde vino a Vincent, quien ni siquiera tuvo el valor de acompañar a un recorrido a las líderes de la protesta «porque el miedo no anda en tucán».

Al final, los manifestantes habían decretado por unanimidad: se iban a quedar a acampar en la carretera y pedirán comida y cena. Todo porque al gerente general de la gerencia generosa, nunca se le ocurrió que lo que las personas querían, era una firma en documento avalando un compromiso formal del Ayuntamiento.

Para sorpresa (o no) de los presentes, el super burócrata que cobra cientos de miles de pesos al mes en papelería e insumos de las muchas oficinas que tiene para albergar a su nómina, no contaba con una laptop, un cuaderno, vaya, ni siquiera una servilleta para anotar y generar el pliego petitorio.

Todo pintaba para irse al mástil más grande del Marigalante (al carajo), hasta que llegó una regidora buena samaritana, que realizó la aparentemente imposible maniobra de desplegar una laptop, papel y pluma. Ahí mismo, en la carretera, se redactó la mentada carta, que firmaron las dos partes involucradas.

Y colorín colorado, la protesta se había acabado. No sin antes, por supuesto, vitorear una victoria propia tan falsa como la relevancia de su propio cargo, y así Vincent, sin tener la menor idea de lo que firmó, ni haberlo leído, lo mostró a la cámara, se tomó la foto y dijo: «ganamos».

¿Cumplirá el Ayuntamiento? Quien sabe. Hasta este momento, no han dicho qué es lo que firmaron, y parece a nadie importarle.

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